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VENGO DE UN PUEBLO...(*)

Vengo de un pueblo en el que es difícil ser pobre; a los pobres siempre nos ha costado todo el doble, no por falta de capacidad, sino por falta de recursos y sobre todo de oportunidades.



Vengo de un pueblo en el que muchas costumbres y tradiciones parecen haber cambiado demasiado. Poco a poco las semillas que las familias sembraban, parecen haberse perdido en el egoísmo, en la mentira, en la ignorancia y la cizaña.

Vengo de un pueblo en el que sus calles ya no son las mismas, aunque las camine con los ojos cerrados, y los pozos estén siempre en el mismo lado; a veces hasta parece tierra de nadie.
Vengo de un pueblo en el que sus calles saben a abandono y olvido...

Vengo de un pueblo en el que muchos ya se han ido a andar otros caminos. Un pueblo en que otros parecen estar por irse, estar siempre de paso, como por cuestiones del destino.
Vengo de un pueblo del que nunca me olvido; porque siendo niño me acuno en sus brazos, me curó las heridas, me nutrió en el respeto y la valoración de mi abuelos, de mi madre y de algún que otro vecino, y más allá de que algunos hicieron diferencia y no creyeron en mi, nunca dejé de creer en los sueños y fui al frente contra todos los impedimentos de la vida. Trabajando y estudiando, con mucho esfuerzo y sacrificio...

Vengo de un pueblo en el que un puñado de sinvergüenzas; que nunca han servido ni para ellos mismos, parecen haber perdido; si es que alguna vez lo tuvieron, todo respeto y valor por el prójimo.
Vengo de un pueblo en el que los honestos parecen tomarse licencia ante las críticas y dardos venenosos con que otros conviven.

Vengo de un pueblo que hace veinte o treinta años no crece, no se desarrolla, no encuentra el rumbo...

Vengo de un pueblo que nació, creció y se desarrolló con el tren; ese anden se colmaba de viajeros, todos celebraban el encuentro...
Vengo de un pueblo que nació, creció y se desarrolló con el tren; galpones colmados de cereales, se honraba de verdad el trabajo.
Vengo de un pueblo que nació, creció, se desarrolló y comenzó a fallecer con el último viaje del tren.

Vengo de un pueblo en el que algunos "señores" se robaron hasta las vías...

Vengo de un pueblo que amo profundamente y que necesita ayuda.

Mi pueblo necesita ayuda para no desaparecer, para seguir cultivando los valores de otras épocas, para recuperar el Don de servicio que caracterizaba a su gente.

Amo profundamente a mi pueblo y a las buenas personas que lo habitan. No permitamos que cualquier inmoral, nos falte el respeto.

Amo a la gente que se juega a corazón abierto, por encima de cualquier título, nombre o papel pintado por el que se jacten y se limiten.
Amo a la gente con rostros, manos y corazones pulcros, sin mascaras ni caretas.
Amo a la gente humilde, comprensiva, solidaria, respetuosa y generosa, que hace de su acción cotidiana, la misión mayor de servicio para cada vecino del pueblo que la acobija.

Vengo de un pueblo... Un pueblo que me inspira los más bellos sentimientos, la búsqueda de la verdad, la dignidad y el progreso de toda su gente.

AUTOR: (*)Yamil Sebastián Canelo
E-MAIL: yamilsebastiancanelo@gmail.com

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