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CEBAR LA VIDA (*)

-¿Nos tomamos unos matecitos y me cuentas lo que te pasa? -Sí, por favor. -Ya pongo la pava; ¿dulces o amargos, qué prefieres? - Dulces; demasiada amarga se nos viene haciendo la vida. Gracias.



Mi madre preparaba el mate y nos sentábamos al lado del fogón o alrededor del brasero en esos días de invierno; o nos tirábamos una manta debajo de la sombra de un árbol cuando el calor del sol agobiaba.

El mate siempre fue testigo de la desnudez de nuestras almas...
Madre e hijo cebando la vida no nos guardamos nada.
El mate supo ser desayuno, almuerzo, merienda y cena...
El mate fue y será siempre la excusa perfecta para el encuentro.

A veces extraño demasiado los mates de mi madre; me la imagino en el cielo, quemando azúcar o secando cascaritas de naranja para endulzarme la vida.
A veces extraño demasiado su ausencia, y es imposible detener las lágrimas que mojan mis ojos y mueren de tristeza en mi pañuelo.

Los mates que invito a un amigo me llevan a esos instantes perfectos, en que el tiempo debería haberse detenido para siempre.
Los mates que hoy cebo a mis amigos, los ofrendo con el amor que ayer nomás me agazajó la vida.

-¿Quieres que tomemos unos mates y me cuentas que te pasa, qué necesitas, qué sueñas, qué amas?
-¡¡¡Dale, acá te espero, no tardes!!!

-CEBEMOS LA VIDA.

AUTOR: (*)Yamil Sebastián Canelo
E-MAIL: yamilsebastiancanelo@gmail.com

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