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PUDO JUGAR EN EL REAL MADRID. TRAS LA FRUSTRACIÓN, TRABAJÓ DE ALBAÑIL.

El carismático delantero, que sueña con darle a Colón su primer título internacional, pudo haber llevado su talento a la Casa Blanca en 2003, pero un compromiso de su agente de entonces se lo impidió


Iker Casillas, Roberto Carlos, David Beckham, Zinedine Zidane, Luis Figo, Santiago Solari, Esteban Cambiasso, Ronaldo... Y Luis Miguel Rodríguez.

La enumeración de los integrantes del plantel del Real Madrid en 2003 bien pudo haber incluido a la figura del Colón finalista de la Copa Sudamericana, que buscará la corona ante Independiente del Valle en el estadio de Cerro Porteño, en Paraguay. Porque el talentoso y entrañable delantero, de 34 años, estuvo a un paso de lucir la camiseta del gigante español, luego de participar en un torneo juvenil en Europa. Después, tras el desencanto, que incluyó un mal momento en una prueba en Rumania, colgó los botines momentáneamente y trabajó como ayudante de albañil... Hasta que el fútbol lo recuperó. Y hoy lo disfruta el Sabalero.

El Pulga gastó sus primeros botines en Unión de Simoca, a poco más de 60 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Sus cualidades deslumbraron a Hugo Juárez y José Ismail, quienes se lo llevaron a Proyecto ORI, un centro de formación con vínculos con el Inter de Italia. A los 14 años, incluso vivió en la pensión del Neroazzurro con otros tres juveniles argentinos y disputó varios amistosos con buen rendimiento; hasta estuvo de visita en la casa de Javier Zanetti, aunque debió volver al país. Sin embargo, tuvo revancha.

“En 2003, con ORI, jugué un Mundialito en Las Canarias. Nos eliminó Barcelona, pero me eligieron el mejor del torneo. La selección mexicana juvenil jugaba un amistoso contra Real Madrid y me invitaron. Anduve tan bien que le interesé al Real”, le contó Rodríguez al diario La Gaceta en 2007. “Queremos que te quedes”, le dijo el coordinador del Merengue, presto ya para ultimar detalles con la familia del futbolista. Pero el acuerdo entre ORI y el Inter le bajó la persiana al sueño.

Esa posibilidad que pasó tan cerca resultó un golpe para la Pulga. Y se complementó con otra frustración. Los mismos representantes le hablaron de la chance de una prueba en Rumania, más precisamente en el Craiova; con la promesa de que recibiría 500 dólares mensuales. En consecuencia, decidió embarcarse en la aventura, junto a otras promesas. Tras una travesía larguísima, los chicos llegaron a la estación de trenes de Bucarest, sin dinero ni comida, a la espera del contacto que los pasaría a buscar. Pero nadie apareció. Deambularon por los andenes y un local de comidas rápidas durante 10 horas, hasta que alguien los recogió. La decepción fue una bofetada demasiado fuerte. Rompió con sus apoderados, volvió a Simoca, y el fútbol pasó a ser apenas un entretenimiento.

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