A mi Gente Digital


CUENTA REGRESIVA HACIA LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN BRASIL.

Pasado el último día de propaganda política en la radio y la televisión. En las redes sociales, la campaña –fuera del alcance de la legislación electoral– prosigue a toda velocidad.


 El cuadro, faltando horas para el encuentro entre elector y candidato, deja claro que dos serán los que pasarán a la segunda vuelta: el ultraderechista Jair Bolsonaro, y el candidato del PT del ex presidente Lula da Silva, Fernando Haddad. 

Los separaba, hasta hace unas pocas horas, entre nueve y diez puntos, acorde a cada sondeo. El ultraderechista aparece a la cabeza, con de 32 puntos, frente a 23 de Fernando Haddad. En un lejano tercer lugar, a once puntos de distancia del segundo colocado, aparece el centro-izquierdista Ciro Gomes.

Por el camino quedó un relegado Geraldo Alckmin, del mismo PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, que sale moribundo de esa disputa electoral. Y también la dublé de ambientalista y evangélica Marina Silva, que ostenta, en la recta final de la campaña, menos de la cuarta parte de intención de votos que tenía hace un mes.

Moribundos a un lado, sobrevivientes a otro, lo que se ve en las horas finales de la disputa es una muy reñida batalla llevada a cabo tanto por el candidato centroizquierdista Ciro Gomes como por el campo de la derecha para intentar lo imposible: superar a Fernando Haddad en los últimos metros de la maratón y pasar a la segunda vuelta para enfrentarse con el candidato de la ultraderecha.

Por más que esté claro que las posibilidades de éxito son casi nulas, tanto Ciro Gomes como Geraldo Alckmin insisten en el decir que son la única posibilidad de evitar “los dos extremos”. El pasado miércoles hubo un intento de hacer que Alckmin y Marina Silva desistiesen para apoyar Ciro Gomes. 

El intento duró lo que un soplido. Siempre reiterando su compromiso con el futuro, tanto Alckmin como Marina Silva rechazaron la hipótesis. Queda por ver qué futuro tendrán los dos, y, muy especialmente, cuál será el destino del PSDB de Alckmin y del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, que ahora pagan el precio de haber ideado y luego respaldado el golpe institucional de 2016, que elevó al poder a Michel Temer,cuyo grupo llevó al país al fondo del pozo.

Los seguidores de Jair Bolsonaro reforzaron, en los dos últimos días, su táctica de campaña, a través de las redes sociales, lanzando un sinfín de fake news. Mentiras burdas, pues. Por ejemplo: un montaje en que la candidata a vicepresidente de Haddad, Manuela D’Avila, aparece con una camiseta donde está escrito “Jesucristo era travesti”. O un supuesto tramo del programa de gobierno de Haddad en que se asegura que “los niños, al completar cuatro años, serán entregados al Estado, que decidirá cuál será su género sexual”.

También se asegura que “los comunistas del PT cerrarán templos e iglesias, impidiendo que se adore al Señor Dios”. Lo que sorprende es que la campaña de Haddad no se haya preparado para contestar, en las mismas dimensiones, esa clase de denuncia, que encuentra eco principalmente entre los evangélicos seguidores de las sectas electrónicas. 

Hay una desmedida euforia en las huestes del candidato ultraderechista, hay una injustificada expectativa en la campaña de Ciro Gomes, y una palpable perplejidad en la de Fernando Haddad. Muchos de los coordinadores de la campaña de Haddad admiten, en conversaciones privadas, que quedaron un tanto atónitos con el crecimiento de Bolsonaro en los sondeos de los últimos días, mientras que su candidato apenas oscilaba hacia arriba, sin dar muestras de poder alcanzar mayor velocidad, como era esperado.

La conclusión a la que llegaron es que a partir del último fin de semana muchos de los electores que antes se declaraban indecisos se dejaron llevar por la ola anti PT, mientras que muchos de los seguidores de candidatos de la derecha, frente a la obvia incapacidad tanto de Alckmin como de Marina y de todos los demás, decidieron sumarse al bando del candidato de la ultra-derecha.

Queda, sin embargo, un contingente de alrededor de 30 por ciento del electorado que manifiesta rechazo tanto a uno como a otro de los dos candidatos viables. El PT pretende conquistar el grueso de los 11 por ciento de electores que declaran votar en Ciro Gomes en la primera vuelta, además de lo que sea posible pescar en aguas de los otros candidatos menores.

La campaña de Haddad, además, empezó a disparar armas que estaban destinadas a ser usadas en la segunda vuelta: las que apuntan hacia la incongruencia, lo absurdo y el extremismo de Bolsonaro.

Como munición, hay grabaciones del ultraderechista atacando a mujeres, negros, homosexuales y trabajadores, además de declaraciones favorables a la dictadura, a la tortura y a la eliminación sumaria de quien sea considerado enemigo de la patria. Los estrategas de Haddad creen que será posible, por primera vez, invertir el resultado de la primera vuelta, derrotando, en la segunda, el ganador inicial. Mientras, el país vive la angustia de la tensión máxima.


Audio de ésta noticia

No hay comentarios en ésta noticia

Enviar comentario

Su email no será publicado, todos los campos marcados con * son requeridos - A mi Gente Digital no se responsabiliza por los comentarios de terceros, el sitio se reserva el derecho de aprobar o no el comentario

Su comentario ha sido enviado y puesto en la cola de validación