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AEROPUERTO DE GUALEGUAYCHU SIN OPERAR, A PUNTO DE CERRAR.

A seis meses de que la ANAC prohibiera que aviones a reacción operen por el mal estado de la pista, el problema sigue creciendo a pasos agigantados reveló un informe del periodista Amílcar Nani para el Diario El Día.


 La Mesa de Trabajo para salvar el Aeródromo de la clausura advierte sobre las pérdidas para Gualeguaychú que significa esta situación.

En total, la pista del aeródromo de Gualeguaychú tiene un ancho de 30 metros y un largo de 1330 metros, y en todo ese trayecto cualquiera que la camine puede encontrar más –muchísimo más– de 1330 piedras dispersas por esa calle donde despegan y aterrizan los aviones. Son del tamaño de un canto rodado, no más grande, pero lo suficientemente contundente como para causar un desperfecto técnico en el mejor de los casos o una tragedia en el peor escenario si tan sólo una se mete en la turbina de un avión a reacción.

Nadie puso todas esas piedras allí adrede, sino que son producto de años de falta de mantenimiento del asfalto, que con el tiempo se comenzó a deteriorar y poco a poco se va transformando en lo que fue antes de ser una pista: un montón de piedras.

La situación calamitosa en la que actualmente está la pista del aeródromo de Gualeguaychú no es nueva: en 2016 se realizó una recorrida para denunciar la situación y que se tomen medidas urgentes. Desde ese llamado de atención hasta la fecha, no sólo que no mejoró en nada, sino que el deterioro siguió en aumento al punto tal que en octubre del año pasado la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC) prohibió las operaciones de aviones reactores, dejando al aeropuerto de la ciudad al borde de la clausura.

El Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación (INCUCAI) utiliza aviones reactores para trasladar los órganos para trasplantes, y así es muy riesgoso realizar una operación así”, lamentó el jefe del Aeródromo Nicolás Garbino.

Un hecho reciente demostró que esto último, más que un temor, ya se hizo realidad: el 1 de marzo de este año, en Concepción del Uruguay se realizó una donación multiorgánica, pero cuando el jet del INCUCAI quiso aterrizar en Gualeguaychú –el más cercano– no pudo hacerlo, por lo cual debió seguir hasta Concordia, obligando a realizar 148 kilómetros más en ambulancia.

“Estamos en una situación lamentable debido a que estamos a punto de perder un punto estratégico no sólo para Gualeguaychú sino para toda la región por la operatividad supo tener y la que aún hoy suele tener, tanto para el movimiento turístico, comercial, industrial y social de la comunidad”, enfatizó Joaquín Páez, Coordinador del Área de Responsabilidad Social Empresaria de la Corporación del Desarrollo de Gualeguaychú (CODEGU).

CODEGU y varios organismos locales conformaron la Mesa de Trabajo para gestionar una urgente reparación de las instalaciones. Consideran que en caso de no volver a tener la terminal aérea operativa, Gualeguaychú “quedaría afuera del mapa”. La ironía es que técnicamente el aeródromo de Gualeguaychú es, junto con el de Paraná, el mejor de la provincia.

En 2013, el Gobierno provincial destinó fondos para el reasfaltado y puesta a punto de la pista del aeropuerto de la ciudad, pero fue entonces cuando saltó el obstáculo que al día de hoy sigue imposibilitando que la obra se realice: cuando la obra estaba a punto de adjudicarse, se supo que el terreno del aeródromo pertenece al Aeroclub, y está absolutamente prohibido que el Estado gaste fondos públicos en un predio privado. Desde ese día, los fondos quedaron en Vialidad Provincial, por lo que el problema este no es monetario.

Desde ese día, ni el Municipio ni la Provincia ni Nación han podido encontrarle la vuelta a este entuerto. Durante un tiempo, el Senador Nacional Alfredo De Angeli se comprometió a gestionar una solución con la ANAC, pero todo quedó en la nada. Actualmente, esas gestiones las retomó el Diputado Nacional Atilio Benedetti.

Actualmente, la Mesa de Trabajo tuvo la certeza de que una carpeta con el problema llegó al ministerio de Transporte de la Nación, a cargo de Guillermo Dietrich, lo cual motivó que la cúpula de la ANAC se interiorizara en el tema. Sin embargo, lo más necesario, la voluntad política, sigue sin aparecer.

Años atrás, en el aeropuerto de la ciudad se realizaban espectáculos aéreos y vuelos de bautismo. Inclusive hoy, con todos estos problemas, funciona una escuela de pilotos. Es mucho el movimiento que tiene el Aeródromo, y las empresas cada día apuestan más al transporte aéreo, ya sea por una cuestión de tiempo y seguridad.

Pero sin una pista operativa para que despeguen y aterricen jets, todo esto podría partir hacia alguna otra ciudad que haga la inversión necesaria. Por ahora, las únicas soluciones posibles para que Gualeguaychú “no se quede afuera del mapa” parecen ser dos: o el Aeroclub cede los terrenos donde está la pista o el Estado los expropia. Para ambas situaciones, se necesita voluntad de acción de alguno de los dos lados.
Fuente: El Día de Gualeguaychú

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